Ana la de La Isla
Ana la de La Isla Tenemos el placer de informarle que su cuento «El sacrificio de Averil» ha ganado el premio de veinticinco dólares ofrecido en nuestro reciente concurso. Incluimos el cheque por esa suma. Estamos preparando su publicación en varios destacados periódicos de Canadá y tenemos la intención de imprimirlo para su distribución entre nuestros clientes.
Agradecemos el interés que se ha tomado por nuestra compañÃa, y quedamos de Ud. attos. y Ss. Ss.
CompañÃa de Levadura Rollings.
—No comprendo —dijo Ana.
Diana aplaudió.
—¡Oh, sabÃa que ganarÃas el premio! Estaba segura. Yo mandé tu cuento al concurso, Ana.
—¡Diana Barry!
—SÃ, lo hice —dijo Diana colgándose alegremente de la cama—. Cuando vi el anuncio me acordé de tu cuento y en seguida pensé en pedirte que lo enviaras. Pero temà que no quisieras; ¡tenÃas tan poca fe! De manera que decidà enviar la copia que me diste sin decirte nada. De ese modo, si no ganabas el premio nunca lo sabrÃas, pues los cuentos rechazados no los devuelven, y si ganabas tendrÃas una sorpresa deliciosa.
Diana no era excesivamente perspicaz, pero tuvo la sensación de que Ana no parecÃa una mujer alegre en esos momentos. HabÃa en ella sorpresa, sin duda alguna; pero ¿habÃa alegrÃa?