Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —Ana, no pareces estar muy contenta.
Una sonrisa un poco forzada apareció en los labios de ésta.
—Desde luego que estoy complacida ante tu generoso deseo de ayudarme —dijo lentamente—. Pero ¿sabes?, estoy tan sorprendida… no puedo darme cuenta… y no comprendo. En mi cuento no habÃa una palabra siquiera sobre… sobre… levadura.
—¡Oh, eso lo puse yo! —contestó Diana—. Era facilÃsimo, y desde luego que mi experiencia en el Club de Cuentos me ayudó. ¿Recuerdas el momento en que Averil hace el pastel? Bueno, allà añadà por mi cuenta que habÃa usado levadura Rollings y que por eso quedó tan sabroso. Y además, en la última escena, cuando Perceval toma en sus brazos a Averil y le dice: «Querida, los hermosos años venideros nos traerán el hogar de nuestros sueños», yo añadÃ: «donde sólo usaremos la levadura Rollings».
—¡Oh! —exhaló la pobre Ana, como si le hubieran echado un balde de agua frÃa.
—Y has ganado veinticinco dólares —continuó Diana, jubilosa—. ¡Pero si una vez oà decir a Priscilla que el Canadian Woman sólo paga cinco dólares por cuento!
Ana sostenÃa el odiado cheque con la mano extendida.