Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —Está comenzando a nevar —anunció Phil al llegar una tarde de noviembre—; todo el jardÃn está cubierto de preciosas estrellitas y cruces. Hasta ahora no habÃa notado lo bonitos que son los copos de nieve. Cuando uno vive con sencillez tiene tiempo para descubrir esas cosas. Dios os bendiga por haberme abierto las puertas de este mundo. Es realmente encantador preocuparse porque la manteca vale cinco centavos más.
—¿Ha subido? —preguntó Stella, que llevaba las cuentas de la casa.
—Ha subido… y aquà la tienes. Me estoy convirtiendo en una experta en compras. Es más divertido que coquetear —concluyó Phil.
—Todo está subiendo de un modo escandaloso —suspiró Stella.
—No importa; gracias a Dios, el aire y nuestra salvación son gratuitos —dijo la tÃa Jamesina.
—Y también la risa —agregó Ana—. TodavÃa no paga impuestos; y es una suerte, porque ahora os vais a reÃr: voy a leer la carta de Davy. Su ortografÃa ha mejorado muchÃsimo desde el año pasado, aunque todavÃa pelea con los acentos, pero posee el don de escribir siempre cartas interesantes. Escuchad y divertÃos, antes de que nos sepultemos en la gravedad de los estudios:
Querida Ana:
