Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —Para hacerse un collar de Jefe Indio —explicó el niño, subiendo al regazo de Ana—. Ya tiene quince, y todos le han prometido los suyos, de modo que no vale la pena que ningún otro se ponga también a juntarlos. Te digo que los Boulter son grandes negociantes.
—¿Te has portado bien? —inquirió Marilla, con severidad.
—SÃ, pero ya estoy cansado de portarme bien, Marilla.
—Te cansarÃas mucho antes de ser malo, Davy —dijo Ana.
—Bueno, pero primero me divertirÃa, ¿no es cierto? Me arrepentirÃa después.
—El arrepentimiento no borra los pecados. ¿Te acuerdas de aquel domingo, el verano pasado, cuando faltaste a la escuela dominical? Me aseguraste entonces que no valÃa la pena ser malo. ¿Qué hiciste hoy con Milty?
—Pescamos y espantamos al gato y buscamos huevos y gritamos en el matorral detrás del granero de los Boulter. Allà hay un eco magnÃfico. Dime, Ana, ¿qué es el eco? Quiero saberlo.
—El eco es un duende maravilloso que vive muy lejos, en los bosques y las colinas, y que se rÃe de la gente.
—¿Cómo es?