Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —Poderosas, inteligentes y reverendas alumnas de tercero —dijo Phil—. ¿Creéis que somos más sabias que cuando llegamos a Redmond?
—Desde luego no os portáis como si lo fuerais —dijo la tÃa Jamesina con severidad.
—¡Oh, tÃa Jimsie! ¿No hemos sido bastante buenas, en conjunto, estos tres inviernos que nos adoptó?
—Habéis sido las chicas más buenas, dulces y gentiles que jamás hayan asistido a la escuela —afirmó la tÃa, que no ahorraba cumplidos—. Pero sospecho que os falta mucho sentido común. Desde luego que no se podÃa esperar otra cosa. El sentido común lo da la experiencia; no es cosa que se puede aprender en el colegio. Habéis estado cuatro años en la Escuela Superior y yo ninguno; pero yo sé de la vida muchÃsimo más que vosotras, jovencitas.
Muchas cosas hay que no siguen regla, hay un enorme montón de saber, que nunca se adquiere en la escuela. Hay montones de cosas que no se aprenden allÃ.
Citó Stella.
—¿Habéis aprendido en Redmond algo aparte de lenguas muertas, geometrÃa y cosas por el estilo? —preguntó la tÃa.
—¡Oh, ya lo creo que sÃ! —protestó Ana.