Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —En resumen, a juzgar por todo lo que decÃs —comenzó la tÃa Jamesina—, resulta que en cuatro años de escuela se puede aprender (si se tienen las dotes naturales para ello) lo que de otro modo llevarÃa veinte años de vida. Bueno, eso justifica la educación superior. TenÃa mis dudas de que sirviera para algo.
—Pero ¿qué ocurre si no se tienen dotes naturales?
—La gente que no tiene tales dotes nunca aprende —respondió la tÃa— ni en el colegio ni en la vida. Aunque lleguen a los cien años, saben tanto como al nacer. No es su culpa, sino su desgracia. Pero aquellos que tienen dotes deben dar gracias a Dios.
—¿Nos definirÃa esas dotes, tÃa Jamesina? —preguntó Phil.
—No, jovencita. Quienquiera que las tenga sabe qué son, y quien no las tenga nunca lo podrá saber. De modo que no hay necesidad de definirlas.
Volaron los atareados dÃas y pasaron los exámenes. Ana ganó el primer premio en inglés, Priscilla en clásicos y Phil en matemáticas. Stella obtuvo calificaciones buenas en general. Y llegó por fin el dÃa de la graduación.