Ana la de La Isla
Ana la de La Isla âEsto es lo que yo en algĂșn momento hubiera llamado una Ă©poca en mi vida âdijo Ana, mientras sacaba de la caja las violetas de Roy y las contemplaba pensativa. HabĂa pensado ponĂ©rselas, desde luego, pero sus ojos se detenĂan ahora en otra caja llena de lirios del valle tan frescos y fragantes como los que crecĂan en el jardĂn de «Tejas Verdes» cuando llegaba junio a Avonlea. Junto a las flores estaba la tarjeta de Gilbert Blythe.