Ana la de La Isla
Ana la de La Isla Ana cavilaba sobre el porqué le habría enviado Gilbert flores en esta ocasión. Poco había sabido de él durante el último invierno. Había acudido a «La Casa de Patty» solamente un viernes por la noche desde Navidad y rara vez se habían vuelto a encontrar. Sabía que estaba estudiando mucho, con miras a los grandes premios y al premio Cooper, y que apenas participaba en las reuniones sociales de Redmond. El invierno de Ana había sido muy animado desde el punto de vista social. Había estado en contacto con los Gardner; ella y Dorothy eran íntimas amigas. Los círculos estudiantiles esperaban el anuncio de su compromiso con Roy en cualquier momento. La propia Ana lo esperaba. Y, sin embargo, al salir de «La Casa de Patty» apartó las violetas de Roy y se puso los lirios de Gilbert. No podría haber dicho por qué lo hacía. Por alguna razón, los viejos tiempos de Avonlea, los sueños y amistades de entonces, parecían muy cercanos en aquel instante en que alcanzaba sus más queridas ambiciones. Gilbert y ella habían imaginado una vez alegremente el día de su graduación. Ese día maravilloso había llegado y no había lugar en él para las violetas de Roy. Sólo las flores de su viejo amigo cabían en este momento en que se cumplían las esperanzas comunes.