Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —Me he enterado de que se anunciará el compromiso de Gilbert Blythe con Christine Stuart tan pronto como pasen las fiestas de graduación. ¿SabÃas tú algo de eso?
—No —dijo Ana.
—Creo que es verdad.
Ana no habló. En la oscuridad sintió que le ardÃa la cara. Deslizó la mano hasta su cuello, cogió la cadenita y la rompió de un enérgico tirón. Las manos le temblaban y los ojos le escocÃan.
Fue, sin embargo, la más alegre de las asistentes y le dijo a Gilbert, sin dolor alguno, que su carnet de baile estaba completo cuando éste le pidió que bailara con él. Más tarde, mientras se quitaba el frÃo junto con sus compañeras, sentada frente a la chimenea de «La Casa de Patty», nadie habló más alegremente que ella de los acontecimientos.
—Moody Spurgeon MacPherson vino por aquà después que se fueron —dijo la tÃa Jamesina, que se habÃa levantado para atizar el fuego—. No sabÃa nada del baile de graduados. Ese muchacho tendrÃa que dormir con una venda de goma alrededor de la cabeza para que las orejas no se le vayan hacia delante. Yo tuve un novio que lo hacÃa y eso lo mejoró mucho. Se lo sugerà y siguió mi consejo, aunque nunca me lo perdonó.