Ana la de La Isla
Ana la de La Isla —¡Pensar que dentro de una semana estaré en Avonlea! ¡Oh, delicioso pensamiento! —exclamó Ana inclinada sobre la caja donde estaba guardando las colchas de la señora Lynde—. Pero pensar que dentro de una semana dejaré para siempre «La Casa de Patty», ¡horrible pensamiento!
—Me gustarĂa saber si nuestra risa hallará eco en los sueños de solteronas de la señorita Patty y su sobrina —exclamĂł Phil.
La señorita Patty y la señorita MarĂa regresaban a casa despuĂ©s de haber recorrido la mayor parte del mundo conocido.
Estaremos en casa la segunda semana de mayo —escribĂa la primera—. Supongo que «La Casa de Patty» nos parecerá pequeña despuĂ©s del SalĂłn de los Reyes, en Karnak, pero nunca me gustĂł vivir en lugares demasiado grandes. Me encantará verme de nuevo en casa. Cuando se empieza a viajar a edad avanzada, se corre el riesgo de excederse porque se sabe que no queda mucho tiempo para ello. Mucho me temo que MarĂa ya no vuelva a estar satisfecha.