Ana la de La Isla
Ana la de La Isla Phil asintió comprensivamente. Ana no podÃa hacer planes hasta que Roy hablara. No cabÃa duda alguna de que lo harÃa pronto. Y tampoco la habÃa de que Ana le darÃa el sÃ. La misma Ana consideraba el estado de cosas con complacencia. Estaba profundamente enamorada de Roy. El amor no era exactamente como ella lo imaginara, pero, se preguntaba Ana, ¿habrÃa algún sentimiento que alcanzara la perfección de lo imaginado? Se habÃa repetido la desilusión que sintiera cuando niña a la vista de un diamante, al encontrarse con el frÃo brillo en lugar del glorioso esplendor que anticipara. «Ésta no es mi idea del diamante», habÃa dicho. Pero Roy era encantador y serÃan muy felices juntos a pesar de ese algo indefinido que habÃa desaparecido de su vida.
Cuando Roy llegó aquella noche y la invitó a dar un paseo por el parque, todos en «La Casa de Patty» supieron qué iba a decir, y todos sabÃan o creÃan saber qué responderÃa Ana.
—Ana es una joven muy afortunada —opinó la tÃa Jamesina.
—Me parece —dijo Stella encogiéndose de hombros— que Roy es un buen chico y todo lo demás. Pero no tiene nada adentro.
—Eso suena a opinión de celosa, Stella Maynard —le reprochó tÃa Jamesina.