Ana la de La Isla
Ana la de La Isla Pero aún no he podido decidir con quién voy a casarme —escribÃa Philippa—; querrÃa que estuvieras aquà para ayudarme. Uno será el elegido. Cuando vi a Alee mi corazón dio un gran brinco y pensé; éste es a quien quiero. Y luego, cuando vino Alonzo, otra vez saltó mi corazón. De modo que esta señal no sirve, a pesar de lo que dicen todas las novelas que he leÃdo. Dime, Ana: tu corazón nunca brincó por nadie excepto por el genuino PrÃncipe Encantado, ¿no es verdad? Algo debe marchar mal en el mÃo. Pero lo estoy pasando divinamente. ¡Cómo me gustarÃa que estuvieras conmigo! Hoy está nevando y me siento embelesada. TenÃa mucho miedo de que ésta fuera una Navidad verde, pues las odio. Tú sabes que cuando la Navidad se presenta de un sucio color gris y pardo, como si todo estuviera en remojo desde hace cien años, se dice que es una Navidad verde. No me preguntes por qué. Como dice lord Dundreary, «cosas hay que la mente humana no alcanza a comprender».