Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes Ana le dedicó una sonrisa inexpresiva.
—Bastante bien. Imagino muchas cosas y eso me ayuda a pasar el tiempo. Desde luego, es bastante solitario. Pero quizá me acostumbre también a ello.
Ana volvió a sonreÃr, afrontando con valentÃa los largos años de prisión que la esperaban.
Matthew recordó que debÃa decir sin pérdida de tiempo lo que habÃa ido a decir, no fuera que Marilla volviera prematuramente.
—Bueno, Ana, ¿no te parece que será mejor que lo hagas y termines el asunto? —murmuró—. Tarde o temprano deberás hacerlo, pues Marilla es una mujer muy tozuda. Hazlo ahora y acaba de una vez.
—¿Quiere decir que le pida disculpas a la señora Lynde?
—SÃ, pedir disculpas, eso es —dijo vivamente Matthew—. Calmarla, por decirlo asÃ. Ahà es donde estaba tratando de llegar.