Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Estamos todos bien —dijo la señora Rachel—. Aunque, al ver partir a Matthew, temà que quizá vosotros no lo estuvierais. Creà que a lo mejor iba a buscar al médico.
Marilla hizo una mueca de comprensión. Esperaba a la señora Rachel; suponÃa que ver la partida intempestiva de Matthew iba a ser demasiado para la curiosidad de su vecina.
—Oh, no, estoy bien aunque ayer tuve un dolor de cabeza terrible —dijo—. Matthew fue a Bright River. Esperamos a un chiquillo de un orfanato de Nueva Escocia y llega en el tren de esta noche.
La señora Rachel no se hubiera sorprendido más si Marilla le hubiese dicho que Matthew habÃa ido a Bright River a recibir un canguro de Australia. Quedó muda durante cinco segundos. No podÃa suponer que Marilla se estuviese divirtiendo a su costa, pero la señora Rachel casi se vio obligada a creerlo.
—¿Lo dice en serio, Marilla? —preguntó cuando recobró la voz.
—Por supuesto —dijo Marilla, como si acoger chicos del orfanato de Nueva Escocia fuera parte de la tarea común de primavera en cualquier granja bien administrada de Avonlea.