Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Oh, sà —suspiró Ana dichosamente inconsciente de cualquier sarcasmo por parte de Marilla—. Oh, Marilla, en estos momentos soy la niña más feliz de la isla del PrÃncipe Eduardo. Le aseguro que esta noche rezaré con toda mi alma. Diana y yo vamos a construir mañana un teatro. ¿Puedo quedarme con esa loza rota que hay en la leñera? El cumpleaños de Diana es en febrero y el mÃo es en marzo; ¿no le parece una extraña coincidencia? Diana me prestará un libro. Ella es totalmente espléndida. Me va a enseñar un lugar en el bosque donde crecen lirios. ¿No le parece que Diana tiene ojos muy espirituales? Oh, cuánto quisiera tenerlos yo. Diana me va a enseñar una canción llamada «Nelly en la cañada de los avellanos». Me va a dar un cuadro para que lo coloque en mi habitación: dice que es un cuadro muy hermoso, una bella dama con un vestido de seda celeste. Un vendedor de máquinas de coser se lo regaló. Quisiera tener algo para regalarle a Diana. Soy dos dedos más alta que ella, pero Diana es tanto asà más gorda; dice que le gustarÃa ser delgada porque es mucho más gracioso, pero temo que lo dijo sólo para no herir mis sentimientos. Vamos a ir algún dÃa a la costa a buscar conchas. Hemos acordado llamar al manantial que hay cerca del puente de troncos «La burbuja de la drÃada». ¿No es un nombre perfectamente elegante? Una vez leà algo sobre un manantial llamado asÃ. Creo que una drÃada es una especie de hada crecida.