Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Eres una niña rara, Ana. Ya lo habÃa oÃdo antes. Pero creo que te querré de verdad.
Cuando Marilla y Ana regresaron a casa, Diana las acompañó hasta el puente de troncos. Las dos niñas caminaron del brazo. Se separaron entre promesas de pasar juntas la tarde siguiente.
—Bueno, ¿encontraste en Diana un espÃritu gemelo? —preguntó Marilla mientras cruzaban el jardÃn de «Tejas Verdes».