Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Sospecho que sà —dijo francamente—. Estoy muy contenta de que hayas venido a vivir a «Tejas Verdes». Me gustará tener alguien con quien jugar. No hay otras niñas que vivan lo suficientemente cerca como para jugar y mis hermanas son muy pequeñas.
—¿Juras ser mi amiga por siempre jamás? —exigió Ana ansiosamente.
Diana parecÃa extrañada.
—Pero jurar es un pecado muy grande —dijo en tono de reproche.
—Esta clase de juramentos, no. Como sabrás, hay dos clases de juramentos.
—Yo nunca supe más que de una —dijo Diana dubitativamente.
—Hay otra más. Ésa no tiene nada de malo. Sólo significa hacer un voto y prometer solemnemente.
—Bueno, no tengo inconveniente en hacer eso —asintió Diana, aliviada—. ¿Cómo se hace?
—Se juntan las manos, asà —dijo Ana solemnemente—. Debe hacerse bajo agua corriente. Imaginaremos que este sendero es una comente de agua. Diré primero el juramento. Juro solemnemente ser fiel a mi amiga del alma, Diana Barry, mientras haya luna y sol. Ahora, dilo tú y pon mi nombre.
Diana repitió el «juramento», riendo antes y después. Luego dijo: