Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —En favor de esa niña, te diré —dijo Marilla cuando Ana se hubo retirado a su cuarto— que no es tacaña. Estoy contenta, pues la tacañerÃa es lo que más detesto. Hace tres semanas que vino y parece que hubiera estado aquà siempre. No puedo imaginarme la casa sin ella. No me mires como diciendo «ya te lo dije». Está mal en una mujer, pero en un hombre es insufrible. Estoy de acuerdo en reconocer que me alegro de haber consentido en que se quedara, y que me gusta cada dÃa más, pero no hagas hincapié en esa cuestión, Matthew Cuthbert.