Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Piensa en la diversión que te pierdes —se quejó Diana—. Vamos a construir una casa preciosa cerca del arroyo y jugaremos a la pelota la semana próxima. Tú nunca has jugado a eso, Ana. Es tremendamente excitante. Y vamos a aprender una nueva canción, Jane Andrews la está ensayando ahora. Alice Andrews traerá un nuevo libro y lo leeremos en voz alta, junto al arroyo. Y a ti, que te gusta tanto leer en alta voz, Ana.
Nada pudo conmover a Ana. HabÃa tomado su decisión. No irÃa más a la clase del señor Phillips. Asà lo dijo a Marilla cuando volvió a casa.
—TonterÃas —dijo Marilla.
—No son tonterÃas —dijo Ana, mirando a Marilla con ojos solemnes y llenos de reproche—. ¿No comprende, Marilla? He sido insultada.
—¡Insultada, sÃ, sÃ! Mañana volverás al colegio como de costumbre.
—Oh, no. —Ana acompañó su negativa con la cabeza—. No volveré, Marilla. Aprenderé mis lecciones en casa, seré tan buena como pueda y estaré callada todo el tiempo que sea posible. Pero le aseguro que no iré al colegio.
Marilla vio en la carita de la niña algo muy parecido a una invencible tozudez. Comprendió que le costarÃa vencerla; pero resolvió inteligentemente no hacer nada por el momento.