Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes Cuando terminó la clase y salieron todos, Ana se dirigió a su asiento, y sacando ostentosamente cuanto allà tenÃa, libros y cuadernos, lapiceros y tinta, Biblia y aritmética, los apiló sobre su rota pizarra.
—¿Para qué llevas todo eso a casa, Ana? —quiso saber Diana tan pronto salieron al camino. No se habÃa atrevido a hacer antes la pregunta.
—No voy a volver más al colegio.
Diana se quedó boquiabierta y miró a Ana para ver si no mentÃa.
—¿Te dejará Marilla quedarte en casa?
—Tendrá que hacerlo. Nunca iré al colegio con ese hombre.
—¡Oh, Ana! —Diana parecÃa a punto de echarse a llorar—. Creo que eres muy mala. El señor Phillips me hará sentar con esa horrible Gertie Pye; sé que lo hará, porque ella ahora se sienta sola. Vuelve, Ana.
—HarÃa cualquier cosa en el mundo por ti, Diana —dijo Ana tristemente—. Me dejarÃa romper los huesos si fuera necesario. Pero eso no lo puedo hacer. Asà que, por favor, no me lo pidas; me atormentas el alma.