Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Supongo que usted es Matthew Cuthbert, de «Tejas Verdes» —dijo con voz dulce y extrañamente clara—. Me alegro de verle. Estaba empezando a temer que no viniera por mĂ e imaginando lo que no se lo habrĂa permitido. HabĂa decidido que si usted no venĂa a buscarme esta noche, irĂa por el camino hasta aquel cerezo silvestre y me subirĂa a Ă©l para pasar la noche. No tendrĂa ni pizca de miedo y serĂa hermoso dormir en un cerezo silvestre lleno de capullos blancos a la luz de la luna, Âżno le parece? Uno podrĂa imaginarse que pasea por salones de mármol, Âżno es cierto? Y estaba segura que si no lo hacĂa esta noche, usted vendrĂa por mĂ por la mañana.
Matthew habĂa tomado desmañadamente en la suya la huesosa manecita y en ese mismo momento decidiĂł quĂ© hacer. No podĂa decir a esta criatura de ojos brillantes que habĂa habido un error; la llevarĂa a casa y dejarĂa esa tarea para Marilla. No importa quĂ© error se habĂa cometido, no la podĂa dejar en Bright River, de manera que todas las preguntas y explicaciones podĂan ser relegadas hasta estar de regreso a salvo en «Tejas Verdes».
—Siento mucho haber llegado tarde —dijo con timidez—. Vamos, el caballo está en el patio. Dame la maleta.