Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Sólo lo hicimos por jugar —insistió Ana—. Creo que debe usted perdonarnos, señorita Barry, ahora que nos hemos disculpado. Y de cualquier modo, por favor, disculpe a Diana y permÃtale tomar sus lecciones de música. Diana tiene el corazón puesto en ellas, señorita Barry, y yo sé muy bien lo que significa poner el corazón en una cosa y no conseguirla. Si debe enfadarse con alguien, que sea conmigo. De pequeña estaba tan acostumbrada a que se enfadaran conmigo, que puedo soportarlo mucho mejor que Diana.
El parpadeo de los ojos de la anciana señorita habÃa sido reemplazado por un guiño de divertido interés. Pero aun dijo severamente:
—Creo que eso del juego no es excusa. Las niñas nunca se entregaban a esos juegos cuando yo era niña. Tú no sabes lo que significa ser despertada de un sueño profundo, después de una larga y ardua jornada, por dos niñas que saltan encima.