Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Creo que hiciste tu parte al dedicarte a trabajar, dejándome en paz —dijo Marilla—. Parece que lo has hecho bastante bien y no cometiste errores como de costumbre. Claro que no era necesario almidonar los pañuelos de Matthew. Y la mayorÃa de la gente, cuando pone un pastel a calentar en el horno lo saca y se lo come, en lugar de dejarlo que se haga cenizas. Pero, evidentemente, ésa no parece ser tu manera de ser.
Los dolores de cabeza siempre ponÃan sarcástica a Marilla.