Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Oh, lo siento mucho. No he vuelto a pensar en el pastel hasta este momento. Sin embargo, sentà instintivamente que en la mesa del almuerzo faltaba algo. Esta mañana, cuando se fue, estaba firmemente resuelta a no imaginar nada, sino a concentrar mi pensamiento en los hechos. Me conduje bastante bien hasta que metà el pastel, y entonces me acometió una irresistible tentación de imaginar que era una princesa encantada encerrada en una torre, con un caballero que venÃa a rescatarme montado en un caballo negro. Por eso me olvidé del pastel. No sabÃa que hubiera almidonado los pañuelos. Todo el tiempo mientras planchaba estuve imaginando un nombre para una isla que hemos descubierto en el arroyo Diana y yo. Es un lugar de lo más arrebatador, Marilla. Hay dos arces en ella y el arroyo la rodea. Por fin pensé que serÃa espléndido llamarla isla Victoria, porque la encontramos el dÃa del cumpleaños de la reina. Diana y yo somos muy leales a la soberana. Pero siento mucho lo del pastel y los pañuelos. QuerÃa que fuera un dÃa muy bueno porque es un aniversario. ¿Recuerda lo que ocurrió hace un año, Marilla?
—No, no puedo pensar en nada especial.