Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Oh, Marilla, fue el dÃa que llegué a «Tejas Verdes». Jamás lo olvidaré. Fue un punto crucial en mi vida. Claro que a usted no le parecerá tan importante. Hace un año que estoy aquà y he sido muy feliz. Desde luego, he tenido mis dificultades. ¿Lamenta usted haberse quedado conmigo, Marilla?
—No, no puedo decir que lo lamente —dijo Marilla, que algunas veces pensaba cómo habÃa podido vivir antes de que Ana llegara a «Tejas Verdes»—; no, no lo lamento. Si has terminado de estudiar, Ana, quisiera que fueras a casa de la señora Barry a pedirle que te prestara el patrón de los delantales.
—Oh, está… está demasiado oscuro.
—¿Demasiado oscuro? Pero si acaba de ponerse el sol. Muchas veces has ido después de anochecido.
—Iré por la mañana temprano —dijo Ana ansiosamente—. Me levantaré al salir el sol y correré allÃ, Marilla.
—¿Qué te traes entre manos, Ana Shirley? Quiero el patrón para cortarte un nuevo delantal esta noche. Ve de inmediato y pórtate bien.
—Entonces, tendré que ir por el camino —dijo Ana cogiendo su sombrero de mala gana.
—¡Ir por el camino y gastar media hora! ¡Me gustarÃa saber qué te pasa!
—Marilla, no puedo ir por el Bosque Embrujado —gritó Ana, desesperada.