Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Sà —gritó ansiosamente la niña—. Sé de gentes que los han visto. Charlie Sloane dice que su abuela vio a su abuelo arrear las vacas una noche, cuando hacÃa un año que estaba enterrado. Usted sabe que la abuela de Charlie Sloane no es dada a contar cuentos. Es una mujer muy religiosa. Y el padre de la señora Thomas fue perseguido una noche por una oveja de fuego con la cabeza cortada y colgándole de la piel. Dijo que sabÃa que era el espÃritu de su hermano que le prevenÃa que morirÃa a los nueve dÃas. No fue asÃ, pero murió a los dos años, de manera que usted ve que fue cierto. Y Ruby Gillis dice…
—Ana Shirley —interrumpió Marilla con firmeza—. No quiero volverte a oÃr hablar de esas cosas. He tenido mis dudas respecto a esa imaginación tuya; y no voy a aceptar tales cosas. Vas a ir a casa de los Barry, cruzando el bosque, para que te sirva de aviso y lección. Y que nunca vuelva a oÃrte hablar de bosques embrujados.
Ana lloró y rogó cuanto pudo, pues su terror era real. Su imaginación se habÃa desbocado, convirtiendo al bosquecillo en una trampa mortal después de la caÃda del sol. Pero Marilla era inconmovible. Acompañó a la temblorosa descubridora de fantasmas hasta el arroyo y le ordenó que cruzara el puente y penetrara en los dominios de las damas aullantes y de los hombres sin cabeza.