Ana la de Tejas Verdes

Ana la de Tejas Verdes

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—No creo que llorara porque lo quisiera mucho —reflexionó Ana—; lloré porque los demás también lo hacían. Empezó Ruby Gillis. Ruby siempre ha dicho que odiaba al señor Phillips, pero en cuanto éste se levantó para decir su discurso de despedida, rompió a llorar. Entonces siguieron todas las demás niñas, una tras otra. Yo traté de aguantarme, Marilla. Traté de recordar cuando el señor Phillips me hizo sentar con Gil… con un muchacho, cuando escribió mal mi nombre en la pizarra, cuando decía que yo era la mayor tonta que había visto para la geometría, cómo se reía de mi ortografía y todas las veces que se había mostrado ofensivo y sarcástico; pero por alguna razón no pude contenerme, Marilla, y tuve que llorar como todas. Jane Andrews hacía un mes que repetía lo contenta que iba a estar cuando se fuera el señor Phillips y declaró que no derramaría una sola lágrima. Bueno, se puso peor que todas nosotras y tuvo que pedirle prestado un pañuelo a su hermano (por supuesto, los muchachos no lloraron), ya que ella no había traído más que uno. ¡Oh, Marilla, fue tan desgarrador! El señor Phillips comenzó su discurso de despedida de un modo muy hermoso. «Ha llegado el momento de separarnos»; fue muy conmovedor. Y también él tenía los ojos llenos de lágrimas. Oh, me sentí mortalmente triste y arrepentida por todas las veces que había hablado en clase y hecho caricaturas suyas en mi pizarra y me había burlado de él y de Prissy. Puedo asegurarle que hubiera querido ser una alumna modelo como Minnie Andrews. Ella no tuvo nada de que arrepentirse. Las niñas lloraron durante todo el camino hasta sus casas. Carrie Sloane continuó repitiendo «Ha llegado el momento de separarnos», y eso nos hacía empezar de nuevo cada vez que corríamos el peligro de levantar el ánimo. Me sentí mortalmente triste, Marilla. Pero una no puede sentirse sepultada del todo en los abismos de la desesperación teniendo por delante dos meses de vacaciones, ¿no es cierto? Y además, nos encontramos con el nuevo ministro y su esposa, que venían de la estación. A pesar de estar tan triste por la partida del señor Phillips no podía dejar de interesarme un poquito por el nuevo ministro, ¿no le parece? Su esposa es muy bonita. No regiamente hermosa, por supuesto; no podría ser, supongo, que un ministro tuviera una esposa regiamente hermosa, pues podría resultar un mal ejemplo. La señora Lynde dice que la esposa del pastor de Newbridge da mal ejemplo porque viste muy a la moda. La esposa de nuestro nuevo ministro estaba vestida de muselina azul, con encantadoras mangas abullonadas y llevaba un sombrero adornado con rosas. Jane Andrews dice que le parece que las mangas abullonadas son demasiado mundanas para la esposa de un ministro, pero yo no compartí una observación tan poco benevolente porque sé muy bien lo que es suspirar por mangas abullonadas. Además, hace poco tiempo que es la esposa de un pastor, de manera que se le pueden hacer algunas concesiones, ¿no le parece? Van a alojarse con la señora Lynde hasta que esté lista la rectoría.


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