Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes Si alguna otra razón movió a Marilla a visitar aquella noche a la señora Lynde, además de la de devolver los bastidores que tomara prestados el invierno anterior, fue sin duda una debilidad compartida por la mayoría de los vecinos de Avonlea. La señora Lynde recibió aquella noche infinidad de cosas que había prestado, muchas de las cuales ni soñara en volver a ver. Un nuevo pastor y, más aún, uno casado, era motivo de curiosidad más que suficiente para un pueblo donde lo sensacional era escaso y espaciado en el tiempo.