Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Desde luego que es bueno —asintió Ana—, pero no parece conseguir nada con ello. Si yo fuera buena, cantarÃa y bailarÃa durante todo el dÃa para celebrarlo. Supongo que la señora Alian es demasiado mayor para cantar y bailar, y desde luego que eso no serÃa muy digno en la esposa de un pastor. Pero puedo sentir que está contenta de ser cristiana y de que lo serÃa igualmente aunque no fuera al cielo por ello.
—Supongo que pronto podremos invitar al señor Alian y a su esposa a tomar el té —dijo Marilla reflexivamente—. Han estado en todas partes menos aquÃ. Veamos. El próximo miércoles será un buen dÃa. Pero no digas una palabra a Matthew, pues si se entera de que vienen, encontrará una excusa para no tomarlo. Se acostumbró tanto al señor Bentley que no le daba importancia, pero le va a costar acostumbrarse al nuevo ministro, y la esposa de éste le va a asustar terriblemente.
—Guardaré el secreto como una tumba —aseguró Ana—. Pero, Marilla, ¿me dejará hacer un pastel para la ocasión? Me gustarÃa hacer algo para la señora Alian y creo que ya puedo hacer un buen pastel.
—Lo harás.