Ana la de Tejas Verdes

Ana la de Tejas Verdes

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—Nadie más preguntó, excepto Ruby Gillis, y lo que dijo fue que si habría una excursión de la escuela dominical en verano. No me parece que fuera la pregunta más correcta, porque no tenía contacto alguno con la lección, que se refería a Daniel en el foso de los leones, pero la señora Alian sonrió y dijo que le parecía que sí. La señora Alian tiene una hermosa sonrisa; se le hacen unos hoyuelos exquisitos en las mejillas. Me gustaría tener hoyuelos en las mejillas, Marilla. No estoy ni la mitad de delgada de lo que estaba cuando llegué aquí, pero todavía no tengo hoyuelos. Si los tuviera, quizá pudiera influir para bien en la gente. La señora Alian dice que debemos tratar de influir siempre en la gente para bien. Habló tan bien de todo. Nunca supe antes que la religión fuera tan alegre. Siempre pensé que era una especie de melancolía, pero la de la señora Alian no lo es, y a mí me gustaría ser cristiana si lo fuera como ella y no como el señor Bell.

—Haces muy mal en hablar así del señor Bell —dijo Marilla severamente—. Es un buen hombre.





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