Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes El nuevo ministro y su esposa eran una pareja joven, de aspecto feliz, todavía en luna de miel y embargados de hermoso entusiasmo por la tarea de su vida. Avonlea les abrió el corazón desde el comienzo. Viejos y jóvenes apreciaron al franco y alegre joven de altos ideales y a la brillante y gentil dama que asumiera el gobierno de la rectoría. Ana quiso de todo corazón a la señora Alian. Había descubierto otro espíritu gemelo.
—La señora Alian es la amabilidad personificada —anunció un domingo por la tarde—. Se ha hecho cargo de nuestra clase y es una maestra extraordinaria. Al comienzo dijo que no le parecía bien que la maestra hiciera todas las preguntas, y usted bien sabe, Marilla, que eso es lo que siempre he pensado. Dijo que podríamos hacerle cuantas preguntas quisiéramos, y yo le hice muchas. Soy muy buena para hacerlas, Marilla.
—Te creo —respondió Marilla enfáticamente.