Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Oh, Marilla, he pasado unos momentos fascinantes. Siento que no he vivido en vano, y lo seguiré sintiendo aunque jamás me vuelvan a invitar a tomar el té en una rectorÃa. Cuando llegué allÃ, la señora Alian me recibió en la puerta. Llevaba un hermosÃsimo vestido de organdà rosa pálido, con muchos volantes y mangas hasta el codo, con el que parecÃa un serafÃn. Estoy pensando que me gustarÃa ser la esposa de un pastor cuando crezca, Marilla. Un pastor no hará hincapié en mis cabellos rojos porque no pensará mucho en cosas terrenales. Pero entonces uno debe ser naturalmente bueno y yo nunca podré serlo, de manera que de nada vale pensar en ello. Algunas gentes son naturalmente buenas y otras no, sabe usted. Yo soy una de las otras. La señora Lynde dice que estoy llena del pecado original. No importa cuánto trate de ser buena, nunca podré tener éxito en ello como aquellos que son naturalmente buenos. Eso se parece mucho a la geometrÃa. Pero ¿no le parece que el intentarlo deberÃa tener algún valor? La señora Alian es una de esas gentes naturalmente buenas. La quiero apasionadamente. Usted sabe que hay ciertas gentes, como Matthew y la señora Alian, a las que se quiere de inmediato. Y también hay otras, como la señora Lynde, con las que hay que realizar un esfuerzo muy grande para quererlas. Uno sabe que debe quererlas porque son muy sabias y trabajan activamente en la iglesia, pero es necesario estar recordándoselo constantemente, pues de lo contrario se olvida. HabÃa otra niña tomando el té, del Colegio Dominical de White Sands. Se llama Lauretta Bradley y es una niña muy guapa. No era exactamente un espÃritu gemelo, sabe usted, pero a pesar de eso, es muy guapa. Tuvimos un té elegante y creo que guardé bastante bien las reglas de urbanidad. Después del té, la señora Alian tocó el piano y cantó y nos hizo cantar también a Lauretta y a mÃ. La señora Alian dice que tengo buena voz y que debo cantar en el coro de la Escuela Dominical. No puede imaginarse cómo me estremezco con sólo pensarlo. He deseado mucho cantar en ese coro, como Diana, pero temÃa que fuera un honor al cual no podÃa aspirar. Lauretta tuvo que retirarse temprano porque hoy hay un gran festival en el hotel de White Sands y su hermana recita allÃ. Lauretta dice que los estadounidenses del hotel celebran uno cada quince dÃas para ayuda del hospital de Charlottetown y piden a mucha gente de White Sands que recite. Yo la contemplaba reverentemente. Después que se fue, la señora Alian y yo tuvimos una conversación de corazón a corazón. Le conté todo sobre la señora Thomas y los mellizos, Katie Maurice y Violeta, mi venida a «Tejas Verdes» y mis preocupaciones por la geometrÃa. ¿Quiere creerlo, Marilla? La señora Alian me dijo que ella también era terrible en geometrÃa. No se imagina usted cuánto valor me ha dado saberlo. La señora Lynde llegó a la rectorÃa poco antes de que me fuera ¿y sabe qué dijo? Que los sÃndicos han contratado una nueva maestra. Su nombre es Muriel Stacy. La señora Lynde dice que nunca hubo una maestra en Avonlea. Pero a mà me parece maravilloso que asà sea y no sé cómo voy a poder vivir estas semanas que faltan para comenzar las clases, tan impaciente estoy por verla.