Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes Ana cogió el vestido y lo observó en reverente silencio. ¡Oh, qué hermoso era! De una tela encantadora, color tabaco con brillo de seda, la falda con delicados arrequives y fruncidos; el corpiño a la última moda, con un pequeño volante de fino encaje en el cuello. ¡Pero las mangas! ¡Eran la cúspide de la gloria! Largos puños hasta el codo, y sobre ellos, dos hermosos bollos divididos por hileras de frunces y lazos de cinta de seda marrón.
—Es un regalo de Navidad para ti, Ana —dijo Matthew tÃmidamente—. Pero… pero… Ana, ¿no te gusta? Bueno… bueno. —Porque los ojos de Ana se habÃan llenado de lágrimas.
—¡Gustarme! ¡Oh, Matthew! —Ana dejó el vestido sobre la silla y juntó las manos—. Matthew, es totalmente exquisito. Oh, nunca podré agradecerlo bastante. ¡Qué mangas! Oh, me parece que esto debe ser un sueño feliz.
—Bueno, bueno, tomemos el desayuno —interrumpió Marilla—. Debo decir, Ana, que no creo que necesitaras el vestido, pero ya que Matthew te lo ha regalado, cuÃdalo bien; aquà está esta cinta para el cabello que la señora Lynde dejó para ti. Es marrón, para que haga juego con el vestido. Ahora ven, siéntate.