Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —No veo cómo voy a poder tomar el desayuno —dijo Ana, extasiada—. El desayuno parece algo muy vulgar en un momento tan excitante. Prefiero deleitarme la vista en ese vestido. ¡Estoy tan contenta de que las mangas abullonadas estén aún de moda! Me parecÃa que no iba a poder resistirlo si dejaban de usarse antes de que yo tuviera un vestido con ellas. Nunca podrÃa haber sido feliz del todo. También la señora Lynde fue muy amable al darme esta cinta. Creo que sin duda alguna tengo que ser una niña muy buena. Es en momentos como éste cuando lamento no ser una niña modelo y siempre decido serlo en el futuro. Pero, de cualquier modo, es difÃcil cumplir las resoluciones cuando se presentan las irresistibles tentaciones. Asà y todo, haré realmente un esfuerzo más después de esto.
Cuando hubo concluido el vulgar desayuno, apareció Diana, con su abrigo rojo, cruzando el blanco puente. Ana voló a su encuentro.
—Feliz Navidad, Diana. Es una Navidad maravillosa. Tengo algo maravilloso para enseñarte. Matthew me ha regalado el vestido más hermoso, con unas mangas. No puedo ni imaginarme algo más lindo.