Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Bueno —dijo Marilla sarcásticamente—, si yo hubiera decidido que valÃa la pena teñirme el cabello, por lo menos habrÃa elegido un color decente y no verde.
—Pero es que yo no querÃa teñirlo de verde, Marilla —protestó Ana—. Si fui mala querÃa hacerlo con algún provecho. Él dijo que mi cabello se volverÃa de un hermoso negro lustroso; me lo aseguró. ¿Cómo podrÃa dudar de su palabra, Marilla? Sé lo que significa que duden de la palabra de uno. Y la señora Alian dice que nunca debemos sospechar que alguien no nos está diciendo la verdad, a menos que tengamos pruebas. Yo tengo pruebas ahora, el cabello verde es prueba suficiente para cualquiera. Pero no las tenÃa entonces y creà cada una de las palabras que dijo implÃcitamente.
—¿Que dijo quién? ¿De qué estás hablando?
—El buhonero que estuvo aquà esta tarde. Le compré a él la pintura.
—Ana Shirley, ¿cuántas veces te he dicho que nunca dejes entrar a uno de esos italianos?