Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Ana Shirley, ¿qué has hecho con tu cabello? ¿Está verde! —Verde era lo más parecido a aquel color raro apagado, verde bronceado, con listas de un rojo original para realzar el horrible efecto. Nunca en su vida Marilla habÃa visto algo tan grotesco como el cabello de Ana en aquel momento.
—SÃ, es verde —gimió Ana—. Yo pensaba que nada podÃa ser tan feo como el rojo; pero ahora sé que es diez veces peor tener el cabello verde. Oh, Marilla, ni se imagina lo completamente desdichada que me siento.
—Ni me imagino cómo te has metido en esto, pero voy a averiguarlo —dijo Marilla—. Voy inmediatamente a la cocina, aquà hace demasiado frÃo. Dime exactamente qué has hecho. Hace tiempo que esperaba algo raro. No te has metido en ninguna dificultad desde hace dos meses, y tenÃa la seguridad de que debÃa llegar alguna. Ahora bien, ¿qué has hecho con tu cabello?
—Lo teñÃ.
—¡Lo teñiste! ¡Teñiste tu cabello! Ana Shirley, ¿no sabes que eso es vanidad?
—SÃ, sabÃa que era vanidad —admitió Ana—. Pero pensé que valÃa la pena ser un poquito mala para librarse del cabello colorado. Algo tenÃa que costarme, Marilla. Por supuesto, estoy decidida a ser más buena en otras cosas en compensación por esto.