Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —No contesté nada cuando Josie me dijo eso —le confió Ana esa noche a Marilla, que yacÃa en el sillón después de uno de sus dolores de cabeza—, porque pensé que era una parte de mi castigo y que debÃa soportarlo con paciencia. Es duro que le digan a una que parece un esperpento y quise contestar. Pero no lo hice. Sólo le dirigà una mirada despectiva y luego la perdoné. Una se siente muy virtuosa cuando perdona a la gente, ¿no le parece? Estoy decidida a dedicar todas mis fuerzas a ser buena después de esto y nunca más trataré de ser hermosa. Por supuesto, es mejor ser buena. Sé que es asÃ, pero a veces es muy difÃcil creer una cosa asà a pesar de saberla. Realmente quiero ser buena, Marilla, como usted y como la señora Alian y la señorita Stacy y crecer para orgullo suyo. Diana dice que cuando mi cabello comience a crecer ate una cinta de terciopelo negro alrededor de mi cabeza con un lazo. Dice que le parece que quedará muy bien. Yo lo llamo cintillo, que suena muy romántico. Pero ¿estoy hablando demasiado, Marilla? ¿Le molesta?
—Mi cabeza está mejor ahora. Aunque esta tarde me dolÃa muchÃsimo. Estos dolores de cabeza mÃos van de mal en peor. Tendré que consultar a un médico. En cuanto a tu charla, no creo que me moleste. Me he acostumbrado a ella.
Ésta era la manera que tenÃa Marilla de decir que le gustaba oÃrla.