Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Claro que no —contestó Ana, con un retorno momentáneo a su antiguo espÃritu—. Y no quiero volver a escuchar jamás la palabra romántico, Jane Andrews. Siento terriblemente que os asustarais. Todo ha sido culpa mÃa. Estoy segura de haber nacido bajo una estrella maléfica. Todo cuanto hago me pone a mà o pone a mis amigas más queridas en aprietos. Hemos perdido la barca de tu padre, Diana, y tengo el presentimiento de que no nos dejarán remar más en la laguna.
El presentimiento de Ana resultó ser más certero que de costumbre. Grande fue la consternación en los hogares de los Cuthbert y los Barry ante los acontecimientos de la tarde.
—¿Tendrás cordura alguna vez, Ana? —gruñó Marilla.
—Oh, sÃ, asà lo creo, Marilla —respondió Ana, optimista. Un buen llanto en la grata soledad de la buhardilla habÃa aliviado sus nervios y restaurado su maravillosa alegrÃa—. Creo que mis perspectivas de ser sensata son más brillantes que nunca.
—No veo cómo.