Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —No; la señorita Stacy nos ha hecho prometer que no abriremos un solo libro. Dice que eso sólo nos cansarÃa y nos confundirÃa, y que debemos salir a pasear sin pensar en los exámenes y acostamos temprano. Es un buen consejo, pero sospecho que será difÃcil seguirlo. Prissy Andrews me contó que durante la semana de sus exámenes de ingreso se sentaba en la mitad de la noche a darse un atracón de lecciones, y yo estaba determinada a hacer lo mismo por lo menos durante el mismo tiempo. Tu tÃa Josephine fue muy gentil al pedirme que me hospedara en Beechwood durante mi estancia.
—Me escribirás, ¿no es cierto?
—Te escribiré el martes para decirte cómo fue el primer dÃa.
—No me apartaré del correo el miércoles. —Ana partió para la ciudad el lunes siguiente, y el miércoles Diana no se apartó del correo, como prometiera, y recibió su carta.
«Mi querida Diana:
»Ya estamos a martes por la noche y te escribo desde la biblioteca de Beechwood. Anoche me sentà muy sola en mi habitación y deseé con toda mi alma que estuvieses aquÃ. No pude empollar las lecciones porque prometà no hacerlo a la señorita Stacy, pero me resultó tan difÃcil no estudiar como difÃcil me habÃa resultado no leer novelas en tiempos de estudio.