Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes ¡Una beca Avery! Ana sintió que su corazón latía con más rapidez, y los horizontes de su ambición se ampliaron como por arte de magia. Antes de que Josie trajera la noticia, la meta de sus ambiciones había sido una licencia provincial de maestra de primera clase a fin de año y quizá la medalla. Pero ahora, en un momento, se vio ganando la beca Avery, siguiendo un curso de Filosofía y Letras en el colegio de Redmond y graduándose con su toga, todo eso antes de que se extinguiera el eco de las palabras de Josie. La beca Avery era en inglés, y Ana sentía que aquí su pie se apoyaba en el brezo natal.
Un rico industrial de Nueva Brunswick había muerto y legado parte de su fortuna para becas, que debían distribuirse entre las escuelas secundarias y las academias de las provincias costeras, de acuerdo a su respectiva importancia. Se dudó de si se le otorgaría una a la Academia de la Reina, pero el asunto se arregló al fin y, al terminar el año, el graduado que tuviera las mejores calificaciones en inglés y literatura inglesa ganaría la beca: doscientos cincuenta dólares por año durante cuatro años en el colegio de Redmond. ¡No era de extrañar que aquella noche fuera Ana a acostarse con las mejillas encendidas!