Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes Ana estaba cavilando si, después de todo, las lágrimas y la soledad no eran mejor que la compañía de Josie, cuando aparecieron Jane y Ruby, cada una con una cinta con los colores de la Academia, azul y escarlata, prendida en la chaqueta. Como Josie no se «hablaba» con Jane por aquel entonces, tuvo que callarse.
—Bueno —dijo Jane con un suspiro—, siento como si hubieran pasado siglos desde la mañana. Debería estar en casa estudiando a Virgilio; ese horrible y viejo profesor nos dio veinte versos para mañana, para empezar. Pero esta noche no me podría sentar a estudiar. Ana, me parece que veo rastro de lágrimas, confiésalo. Restaurará mi autoestima, pues estaba llorando cuando llegó Ruby. No me importa ser una llorona si alguien también lo es. ¿Tarta? ¿Me darás un trocito? Gracias. Tiene el sabor de Avonlea.
Ruby, viendo sobre la mesa el calendario de la Academia, quiso saber si Ana trataría de obtener la medalla de oro.
Ana se ruborizó y admitió que sí.
—Oh, eso me recuerda —dijo Josie— que la Academia conseguirá por fin una de las becas Avery. Frank Stockley me lo dijo; uno de sus tíos está en la Comisión de Gobernadores. Mañana será anunciado en la Academia.