Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes Ana trabajaba dura y tenazmente. Su rivalidad con Gilbert continuaba con la misma intensidad que en la escuela de Avonlea, aunque no era del conocimiento de toda la clase; pero de cualquier modo, habÃa perdido algo de su dureza. Ana ya no querÃa la victoria para derrotar a Gilbert, sino por el orgullo de obtenerla sobre un enemigo de valÃa. ValdrÃa la pena ganar, pero Ana no pensaba que la vida serÃa insoportable si no lo conseguÃa.
A pesar de las lecciones, los estudiantes hallaban ocasiones para divertirse. Ana pasaba la mayor parte de sus horas libres en Beechwood; los domingos solÃa almorzar allà y después iba a la iglesia con la señorita Barry. Esta última, como ella misma admitÃa, se estaba volviendo vieja, pero sus ojos negros no perdÃan su brillo ni su lengua su vigor. Pero nunca lo ejercitó con Ana, quien continuaba siendo la favorita de la anciana señorita.
—Esta Ana adelanta cada vez más —decÃa—. Me canso de otros niños; hay en ellos una irritante y eterna uniformidad. Ana tiene tantos matices como un arco y cada matiz es el más hermoso mientras dura. No sé si es tan divertida como cuando niña, pero se hace querer, y a mà me gusta la gente que es asÃ.