Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes Antes de que se dieran cuenta, llegó la primavera; en Avonlea, las flores de mayo brotaban tímidamente en los secos eriales donde aún quedaba nieve y el «aroma del verde» corría por los bosques de los valles. Pero en Charlottetown hostigaba a los alumnos de la Academia a pensar y a hablar nada más que de los exámenes.
—Parece imposible que el curso esté casi terminado —dijo Ana—. ¡Pero si el otoño pasado daba la impresión de hallarse tan lejos con todo un invierno de estudios y clases por delante! Y aquí estamos, con los exámenes la semana que viene. ¿Sabéis una cosa? A veces creo que los exámenes lo son todo, pero cuando veo los brotes en los castaños y la neblina azul al final de las clases, no me parecen ni la mitad de importantes.
Jane, Ruby y Josie, que acababan de llegar, no compartían su punto de vista. Para ellas los exámenes eran siempre lo más importante; mucho más que los brotes de los castaños o las flores de mayo. Todo eso estaba muy bien para Ana, que, después de todo, tenía la seguridad de pasar, pero cuando todo el futuro depende de un examen, una no podía considerarlo filosóficamente.