Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Gilbert Blythe también lo hará, ¿no es cierto?
—Sà —respondió Ana brevemente.
—¡Qué chico tan guapo! —dijo Marilla abstraÃdamente—. Lo vi en la iglesia el domingo pasado y parece tan alto y varonil. Se parece muchÃsimo a su padre cuando tenÃa su edad. John Blythe era un muchacho muy atractivo. Éramos muy buenos amigos, él y yo. La gente decÃa que era mi pretendiente.
Ana la miró con repentino interés.
—Oh, Marilla… ¿Y qué pasó…? ¿Por qué no…?
—Tuvimos una disputa. No lo perdoné cuando me lo rogó. TenÃa intención de hacerlo, después de un tiempo; pero estaba malhumorada y enfadada y querÃa castigarlo primero. Él nunca regresó; los Blythe son muy orgullosos. Pero siempre me sentÃ… algo triste. Pensaba que me hubiera gustado haberle perdonado cuando tuve la oportunidad de hacerlo.
—De manera que también ha habido algo de romance en su vida —dijo Ana suavemente.
—SÃ, supongo que puedes llamarlo asÃ. No lo hubieras pensado al verme, ¿no es cierto? Pero nunca debes comentarlo con gentes de fuera. Todos han olvidado lo que hubo entre John y yo. Y yo también. Pero lo recordé cuando vi a Gilbert el domingo pasado.