Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Sospecho que ya no puedes evitarlo. Ha firmado con los sÃndicos de White Sands. De manera que de nada servirÃa que ahora te negaras. Desde luego que te harás cargo del colegio. Te irá muy bien, ahora que ya no quedan Pye. Josie fue la última, lo cual es una suerte. Durante los últimos veinte años ha habido algún Pye en el colegio y sospecho que su misión en la vida era recordar a los maestros que la tierra no era su mundo. ¿Qué quieren decir esas luces en la buhardilla de los Barry?
—Diana me hace señas de que vaya —dijo Ana—. Ya sabe que seguimos la vieja costumbre. Perdóneme si voy a ver qué desea.
Ana descendió como un ciervo por la cuesta de los tréboles y desapareció entre las sombras del Bosque Embrujado. La señora Lynde la contempló indulgente.
—TodavÃa tiene mucho de niña.
—Pero también hay mucho de mujer —respondió Marilla, con un momentáneo retorno a su vieja hosquedad.
Pero la hosquedad ya no era el carácter distintivo de Marilla. La señora Lynde le dijo a Thomas esa noche:
—Marilla Cuthbert se ha vuelto melosa. Eso es.