Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos Leslie Moore
—Esta noche voy a caminar hasta la costa rocosa —dijo Ana a Gog y Magog una tarde de octubre. Gilbert habÃa ido al puerto y no habÃa nadie más a quien decÃrselo. Ana tenÃa su pequeño reino con el orden inmaculado que cabe esperar de cualquiera que haya sido criado por Marilla Cuthbert y pensó que podÃa irse a vagar por la costa con la conciencia tranquila. Muchos y deliciosos habÃan sido sus vagabundeos por la costa, a veces con Gilbert, a veces a solas con sus pensamientos y los nuevos y dulces sueños que comenzaban a cubrir la vida con su arco iris. Le encantaba la suave y brumosa costa del puerto y también la de arena plateada y asolada por el viento; pero lo que más le gustaba era la costa rocosa, con los acantilados, las cuevas y los montones de piedras gastadas por la espuma y las caletas donde los cantos rodados resplandecÃan bajo los charcos de agua; a esa costa dirigió sus pasos aquella noche.
