Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —No pudo hacer su voluntad en algo que querÃa, de manera que saltó al pozo. ¡Fue una salvación! Era un tirano innato. Pero, claro, estropeó el pozo. Flora nunca pudo hacerse a la idea de volver a usarlo, ¡pobrecita! Asà que tuvo que hacer excavar otro, con un gasto impresionante, y además el agua era peor. Si querÃa ahogarse, ¿no tenÃa bastante agua en el puerto? Yo no tengo paciencia con un hombre asÃ. Hemos tenido sólo dos suicidios en Cuatro Vientos, que yo recuerde. El otro fue Frank West, el padre de Leslie Moore. A propósito, ¿Leslie no ha venido a visitarte?
—No, pero la encontré en la costa hace unas noches y estuvimos conversando —dijo Ana, aguzando los oÃdos. La señorita Cornelia asintió.
—Me alegro, querida. Esperaba que te encontraras con ella. ¿Qué te pareció?
—Me pareció muy hermosa.
—Ah, por supuesto. Jamás hubo nadie en Cuatro Vientos que la igualara en belleza. ¿Te has fijado en sus cabellos? Le llegan a los pies cuando se los suelta. Pero me referÃa a qué te pareció como persona.
—Creo que podrÃamos llevarnos muy bien, si ella me lo permitiera —dijo Ana en voz baja.
—Pero ella no te lo permite, seguramente te rechazó y te mantuvo a distancia. ¡Pobre Leslie! Lo entenderÃas si conocieras su vida. Una tragedia. ¡Una tragedia! —repitió la señorita Cornelia con énfasis.