Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Nadie conoce los detalles. Todo lo que pudieron decir los de la pensión fue que alrededor de un año antes lo habían encontrado tirado en el umbral de la casa, una mañana, en un estado lamentable, con la cabeza destrozada. Supusieron que se había lastimado en alguna gresca de borrachos y probablemente ésa sea la verdad. Lo llevaron adentro, aunque sin pensar que pudiera salvarse. Pero se salvó, y cuando terminó de curarse era como una criatura. No tenía memoria ni intelecto ni razonamiento. Trataron de averiguar quién era pero nunca lo lograron. No sabía decir ni su nombre, apenas pronunciaba algunas palabras muy sencillas. Tenía una carta encima, dirigida a «Querido Dick» y firmada «Leslie», pero no tenía dirección y el sobre había desaparecido. Le permitieron quedarse con ellos; él aprendió a hacer algunos trabajitos y así fue como el capitán Jim lo encontró y lo trajo a casa; yo siempre he dicho que aquél fue un día aciago, aunque supongo que no podía hacer otra cosa. Pensó que tal vez llegar a su casa y ver los lugares de siempre y las caras conocidas le refrescaría la memoria. Pero no tuvo ningún efecto. Ha estado ahí, en la casa, arroyo arriba, desde entonces. Es como un niño, ni más ni menos. Muy de vez en cuando se pone díscolo, pero normalmente es inofensivo y tiene buen humor. Hay peligro de que se escape, si no se lo vigila. Ésa es la carga que Leslie ha llevado durante once años; y completamente sola.