Ana y la casa de sus suenos

Ana y la casa de sus suenos

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Riendo un poco de su fantasía, pero con una sensación de frío que le recorría la columna vertebral, Ana les mandó un beso con la mano a Gog y a Magog y salió a la niebla, con unas revistas nuevas para Leslie bajo el brazo.

—Leslie se vuelve loca por los libros y las revistas —le había dicho la señorita Cornelia—, y casi no los ve. No puede darse el lujo de comprarlos ni de suscribirse. Es de verdad muy pobre, Ana. No sé cómo se las arregla para vivir con ese magro alquiler que recibe por la granja. No toca para nada el tema de su pobreza, pero yo sé lo que ha de ser. La pobreza la ha limitado toda la vida. No le importaba cuando era libre y ambiciosa, pero ha de ser terrible ahora, créeme. Me alegro de que la encontraras tan animada y contenta la noche que pasó aquí. El capitán Jim me dijo que prácticamente tuvo que ponerle el sombrero y la chaqueta, llevarla hasta la puerta y echarla. No tardes mucho en ir a verla, tampoco. Si lo haces, pensará que no quieres ver a Dick, y volverá a encerrarse en su caparazón.






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