Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —A mà me gusta considerar todo tipo de problemas, aunque no pueda resolverlos —decÃa el capitán Jim—. Mi padre sostenÃa que no debemos hablar nunca de cosas que no comprendemos, pero, si no lo hiciéramos, doctor, los temas de conversación serÃan poquÃsimos. Pienso que los dioses se reirán muchas veces al oÃrnos, pero, qué importa, siempre y cuando recordemos que somos sólo hombres y no nos dé por creernos dioses conocedores del bien y del mal. Pienso que nuestras charlas no nos harán ningún daño, ni a nosotros ni a nadie, de modo que esta noche vamos a dedicarle otra sesión a los cuándo, los porqué y los dónde, doctor.
Mientras ellos «conferenciaban», Ana los escuchaba o soñaba. A veces Leslie iba al faro con ellos y Ana y ella caminaban por la costa, a la luz fantasmagórica del crepúsculo, o se sentaban en las rocas junto al faro hasta que la oscuridad las hacÃa regresar a la alegrÃa del hogar. Entonces, el capitán Jim les preparaba té y les contaba «cuentos de tierras y mares, y lo que fuere que pudiera acontecer en el grande y olvidado mundo, allá afuera».